sin músicos, angelical infierno de disfraces satánicos.
Soledad que eviscera, que sofoca la existencia, que transforma la piel, corroe la mente…
soledad que desalienta.
Intento encontrar el yo perdido en las reminiscencias del que ya no está, me levanto con los
calambres enardecidos en las falanges, con el ácido de tu ser desnudando mi nuevo ser.
Renazco, seré otra, tal vez parecida a aquella perdida en el tiempo, la mujer auténtica que
se perdió en las entrañas de tu cuerpo.
Araño la tierra, escarbo, emerjo, tu lápida la llevo conmigo como la muda de una piel
ajada, que colgaré como premio consuelo de este devenir obligado.
Diana Beláustegui

¡Genial Diana!
ResponderEliminarEn esta obra no se puede negar la poesía Diana. FABULOSO!!
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