domingo, 24 de febrero de 2013

COAGULAR LAS HORAS

Coagulando las horas
de este día combato a
la junta inquisidora de
los misterios que
juega la sociedad:
el ser, el no ser, el sentir
¿Para qué sentir?
Lo cierto es que estamos
sin intentar ser
en su completo significado,
no sentir, no ser,
estar moldeados en una tuerca
para colaborar con
el estado de cosas.

Coagulando el almanaque que
nos transporta a la muerte,
la tuerca toda comida, derruida
¡Inservible!
Admiro a la junta implacable,
no se ha movido de su lugar.
Debemos no ser.

                                       Autora: Adriana Comán.




ENGAÑOS

Son jóvenes los años, 
buscan el auspicio para vivir;
alguien ofrece salvarlos,
construir sus lineas,
ser soldados huraños.
Trascender la mortal intrascendencia
a cambio de todo,
a costa de venir .
Son jóvenes de antaño que 
prometen hasta la última estrella,
abundancia.
La mayor de las traiciones 
dar sólo un paso,
tener ilusiones,
pues son jóvenes los años pero viejos,
muy antiguos los engaños. 

                                            Autor: Lucas Zurschmitten 






EL RÍO


En el rió yace:
 asfixio todo lo que fue sentir, 
anclando el espíritu ya sin remedio, 
observo elevar el alma. 
Y justo allí, en el muelle del olvido, 
sostengo la esperanza. 
Ruin ser, pues más aún anhelo 
ahogar esto que es, 
a seguir muriendo vivo. 
En el paraíso ya reciben a los libres; 
Y si un ente fui, 
al costado,en el camino azul,comencé a vivir.
En el río yace aquel servidor de la humanidad aquel que revoluciono al mundo con su arte,
se desconoce el por qué de su drástica decisión.

                                                Autora: Paola Guardo.



HINDÚ



Nos vimos donde acordamos.¿Recuerdas?. Llevabas el cabello recogido,

una pollera hindú, sandalias, una cartera de colores con letras que recordaban a Perú.
¿Olvidé aquel momento? Intento ordenar los hechos. Usabas un perfume suave, hablabas

 despacio,disfrutábamos hablando y mirando el cielo, las estrellas.


 Llegaban los ruidos del centro...

...¡Me caí del banco! Abrí apenas los ojos, estabas nerviosa, escuché que llamabas a alguien.¿A quién?.

Una bruma en la memoria, la paz y vos repitiendo:

¡Negro de mierda! ¿Ahora te vienes a morir?



                                         Autor: Mauricio González Faila.


¡Es amor a primera vista!


¿Qué siente alguien cuando se enamora?
¿Existe el amor a primera vista?
Subí al ómnibus y lo vi: demacrado, totalmente abstraído, mirando por la ventanilla. Nunca dudé ni un instante, tampoco fue una reacción racionalizada, simplemente me senté a su lado. Con el pretexto de mirar hacia afuera, podía verlo de soslayo.
Era único y extraordinario: un leve tic en la comisura izquierda del labio, movimientos continuos de dedos y ademanes con la cabeza. Ronquidos, groserías en voz casi inaudible, pestañeos alocados. Algo en el me elevaba. Sentía que estaba sentada junto al hombre que había amado toda la vida y ni siquiera lo conocía.
Cuando exhalaba tras un quejido, respiraba hondo yo, tratando de inhalar su aire, su aliento a nicotina y alcohol.
¿Quién era yo? Me había embarcada en la vida sin meditar sobre mi persona. De pronto me cuestionaba: ¿era de aquellas niñas enamoradizas? ¿Podía ser tan romántica como para amar a primera vista? Tal vez no tendría que vestir jeans y zapatillas sino más bien una falda amplia a lunares amarillos y zapatitos con tacón haciendo juego, tendría que llevar una blusa que dejara al descubierto parte de mi pecho para que los demás pudieran observar el subir y bajar del amor aprisionado en la caja torácica.
Se levantó y bajó. También lo hice yo.
Apenas estuvimos caminando por la misma vereda me acerqué y le hablé.
Tartamudeando un poco le dije mi nombre, edad, estado civil y desesperación.
Me miró un tanto aterrado, aunque me gusta pensar que tal vez fueron instantes de amor a primera vista lo que pasó por sus rostro.
Cuando rugió y bajó los ojos, sentí que me derretía.
Tenía en la mirada ese odio desbordante que tienen los machos alienados y que siempre me excita.
Me llevó a su casa, entré de su mano.
Ni bien cerró la puerta e intentó violarme, comprendí que estaba ante el hombre de mi vida.
Mientras me dejaba destrozar la ropa, desglosé cada instante y lo supe. Era tan parecido a mi difunto padre que me había enamorado de su tic, su furia contenida. Estaba siendo la niña buena que había sido mi madre y por un momento, entre los gritos y golpes, sentí que había creado un hogar. Cuando me tomó del cabello y me arrojó en una esquina, me sentí orgullosa. Era una mujer con su hombre, tal como había visto a mi madre con el suyo.
Después de tantos años en soledad, nunca imaginé que el amor llegaría de improvisto.
¡Era tan parecido a él! Y yo debía ser como ella para lograr el éxito en la relación.
Ni bien se durmió borracho, lo besé en la frente (como había visto hacerlo a mi madre) y le corté la garganta, (¡con gran trabajo, tratando de imaginar cómo había hecho ella para que pareciera manteca, el cuello de mi difunto padre!).
Me retiré satisfecha.
Siento que puedo seguir con mi vida sin que nada me obstaculice a la hora de lograr las metas impuestas. Me siento realizada como mujer.
Mañana iré al obstetra y pasado mañana espero saber el sexo del bebé.

                                                                            Autora: Diana Beláustegui