lunes, 15 de octubre de 2012

Latidos

    La lluvia en mis huesos se alzan en derredor de mis latidos mientras transito en las calles del café que bebo día a día, ese café amargo, amargo como vos, se mete por mis arterias para calcinarme la vida. Quisiera absorberte en calidad de café a fin de tener  la oportunidad de vomitarte, sacarte, extirparte a modo de un coágulo y dejarte reposando en alguna camilla de quirófano, así no tengas más latidos, ruidos tuyos que se mezclan con los míos, ruidos-latidos que hacen estremecer mis huesos, canción nauseabunda que habita en mi ser y me obliga a ingresar con una tijera por mis oídos para no escucharte más, siento sangre, siento vida.
     Volviendo al  café: bebo mi sangre, bebo mi vida en un suntuoso pocillo.

                                                                                                                 Adriana Comán.


30

Caminar en alas palpitando tus entrañas,
oyendo latidos temerosos,
piel en flor marchita la tuya.
Huir buscando una señal en la ruta,
en el extraño camino donde no hay nada,
ni soledad siquiera,
me entretengo dibujando formas en el aire,
es imposible que me escuches,
pues el puente tendido hacia tu orilla no lo viste,
el lago regalado no mojó tus pies,
no puedes, no quieres recibir mensajes,
refugiada estás en tu trabajo asalariado.

                                                                Mauricio González Faila.


El Alarido...

    El alarido enmudecido en la tráquea, el desaliento de la ignorancia, la vergüenza echa carne.
     Reconozco ser un asesino de ideologías.

                                                                                Majo Bazán.


domingo, 14 de octubre de 2012

Muchas Son las Horas...

Muchas son las horas
y tu grito tan distante de mí
callado animal sacrificado
constelado como grises ensordecedores.

Trémulas horas
cuál ejército se alzan las ideas a la mente
palabras ausentes transitando
en la noche quejumbrosa de mi sangre.

La máquina vagabunda
irrumpe en la lluvia de mi piel invernal
trenzando las flores
de mi continuo caminar.

                                            Dema Cruz.


Contornos Sensuales...

   Contornos sensuales, las curvas delinean tu belleza, silueta, ojos profundos, verdes esmeraldas. seduciéndome, hipnotizándome. Tu misticismo me enmudece, inmovilizándome, esperando en silencio tus filosas garras: zarpaso de pantera negra , negra, negra...
   Al día siguiente, lo de siempre: las mosquitas en su plan de examinarle los ojos a cada segundo interrumpen el trabajo. A las doce debe estar todo listo  y con esa sensación sólo atina a quedarse pensativo, a imaginarse allí de nuevo y tragarse la incertidumbre de saber que hubiera hecho.
   El sol renace, la espesura lo invade y entre limpiar la choza y llevar a los animales hacia el alimento se debate, pero algo lo detiene, lo perturba, lo hace desgarrarse en fragmentos miserables de ser lo que es, sólo porque anoche el salto de ese sueño lo hizo desear ser ese con cajas que inventariar, con planillas que llenar y vestir un atuendo distinto y pisar sobre un suelo duro y firme... El grito del animal lo vuelve. lo redespierta, lo vacía.

                                         Graciela Mossier.




Adiós

Está lloviendo, mi piel se está mojando,
mis ojos están llorando.
siento tu filo en mis oídos.
Mis bolsillos están vacíos.

Te he perdido.

Nos despedimos con un beso de Judas.
Me estoy yendo pero es imposible no darse vuelta,
veo tu espalda encorvada, escucho tu caminar
cada vez más rápido, pisando los charcos,
escapándote de lo que alguna vez nos unió,
fuimos uno, ahora somos dos.

                                                Deborah.


Soledad Acompañada...

Soledad acompañada de fuegos helados, de pájaros reptando, de víboras bailando músicas 

sin músicos, angelical infierno de disfraces satánicos.

Soledad que eviscera, que sofoca la existencia, que transforma la piel, corroe la mente… 


soledad que desalienta.

Intento encontrar el yo perdido en las reminiscencias del que ya no está, me levanto con los


calambres enardecidos en las falanges, con el ácido de tu ser desnudando mi nuevo ser.

Renazco, seré otra, tal vez parecida a aquella perdida en el tiempo, la mujer auténtica que 


se perdió en las entrañas de tu cuerpo.

Araño la tierra, escarbo, emerjo, tu lápida la llevo conmigo como la muda de una piel 


ajada, que colgaré como premio consuelo de este devenir obligado.


Diana Beláustegui


sábado, 13 de octubre de 2012

Fonemas Dolorosos

En el aire se apagan las ilusiones,
no hace falta un pájaro que
rompa miles de globos,
miles de esperanzas.

En el aire se apagan las ilusiones,
no hay noche, no hay grises
todo es tinieblas,
se esfuman los colores.

En el aire se apagan las ilusiones,
salen fonemas dolorosos,
se agitan las cuerdas vocales,
cae en gotero la saliva,
todo para decir :
                           -¡Adiós! ¡Basta!- y
en el aire se apagan las ilusiones...


                                                                      Adriana Comán.


En el desandar de mi vida...

  En el desandar de mi vida, a través de caminos, con texturas diferentes, muchas agradables, algunas difíciles, otras sin sentido, recorro otras vidas, dejando huellas profundas, lisas, buscando mi lugar en el mundo; me encuentro con obstáculos, no me complican porque yo los enfrento con lo que tengo y como puedo.
  No tengo miedo, sólo son pruebas, parte del trayecto, y ahí es donde te encuentro y me reencuentro.

Somos complemento,
soy tu reflejo opuesto  así
es como me acepto.

                                                                                                                                               Belén Bazán.

                                       

Desde el Arroyo...

Desde el arroyo,
de las profundidades oceánicas
el viento se mece en detrimento
de las pupilas insertas en tu carpa.

Éste, tu hábitat, siempre allí
con el pellejo de sus vigilias
invade la legión tortuosa
de tus magnolias en abril.

El verde refugio junto al blanco para si
desgarra la fiebre bestial
de un mismo silencio.

                                     Dema Cruz.



SUSPIRO FINAL

Horas lejanas se acercan
me confunden, sólo se llegan
como el crepitar de las tardes
cuando acerraba tu sabia
suave de verde nostalgia.

Marchitaba tu pertenencia eterna,
se cortaba ante mi filo
de conciencia tu vital unión a la tierra,
 y miraba atento
tu derrumbe agónico.

Pero se rompe mi andar metálico
cuando el suspiro final desafila
la capa que me custodiaba del
sol inerte en el claro de la nada.

                                                     Lucas Zurschmitten.


LA PODADORA


Quería ofrecer resistencia a la unificación social: sus reglas, doctrinas y otras yerbas que nos congregaban alrededor de una paleta de colores uniformes. Todo en bien del prójimo, para no dañarlo, para que no se sienta intimidado y pueda vivir en paz y felicidad. El vecino era también uno mismo.
Pero las leyes de convivencia eran violadas a diario y ella podía verlo en cada paso que daba por las veredas, y los que se animaban a remar en contra de la corriente tenían algo en común: el pelo suelto. Imaginó que ahí podría estar la clave de la revolución, estaba un poco hastiada de su vida ocre y quería ser parte del movimiento revolucionario, la sociedad le podía imponer sus normas pero estaba en ella mandarlas a la puta que los parió. .
Le faltaba un poco el aire de sólo pensarlo, así que para poder comenzar de a poco e ir acostumbrando su organismo al cambio decidió iniciar su revolución desde su casa: ¡¡¡Dejaría de cortar el pasto!!!!! y no sonrían por favor que el tema no era moco´i pavo. Cada día se levantaba y antes de cepillarse los dientes o pasarse un peine por la cabeza enmarañada, tomaba la regla y medía la altura del césped: 10 cm era lo justo, ni más ni menos. ¡Pero eso ya era historia! La sociedad y su discurso sobre la conservación del hogar en estado de limpieza absoluta para que no se generen plagas como víboras, roedores o duendes africanos venenosos estaba a punto de ser tirada a la basura, y si alguien se acercaba a decirle algo, se soltaría el cabello trenzado y los atacaría con sus nuevas ideas liberales... y que dicho sea de paso, distaban de ser altruistas.
La nueva mujer se sentó en la puerta de la casa a ver crecer el césped, tiró a la calle la regla para no tentarse y se abstuvo de comer para no vomitar lo que el estómago tenía, cada vez que se cercioraba de los milímetros de plantas que se comían altura, oxígeno y la visibilidad.
Durante un mes se paseó por el interior de la casa, con la ropa sucia, el rostro demacrado, ingiriendo mínimas raciones de comida y agua. Miraba de reojo la podadora y se mojaba con orgasmos feroces. ¿Sería posible que la revolución empezara desde lo insano? ¿Estaban locos los que pensaban distintos y querían romper el yugo para levantarse como seres individuales e independientes del grupo mayoritario? ¿Ella quería eso?
El cuadragésimo día decidió que los cambios no eran para ella, que necesitaba sentirse parte del tibio confort de no decidir, de imitar, sonreír y vagar por la existencia siendo la excelente persona que siempre fue.
Tomó la podadora, abrió la puerta y un monte de dos metros cincuenta de altura la atrapó entre sus garras espinosas, gritó alarmada, intentó entrar nuevamente pero las serpientes se le enredaron en las piernas y las arañas subieron buscando los orificios de la cara para poder anidar y tener crías.
A la vecina la encontraron muerta, abrazada a su podadora, en medio del jardín, con un pasto de casi 80 centímetros. Todos negaban con la cabeza cuando vieron a los forenses luchar por separar las manos duras del mango de la cortadora de césped, no había dudas, ser distinto no sólo era insano... ¡ponía en peligro sus vidas!

             Diana  Beláustegui.


Azul y Aluminio

Reposo sobre el esqueleto de plástico,
tiendo mi cuerpo,
fumo un cigarrillo,
suspiro...

... Sonrío,
lloro,
te recuerdo,
me hundo en tu mirada,
en tus palabras,
en las horas compartidas,
en la nada misma,
en un más allá que no nos pertenece.

Reposo,
escucho el viento,
la tarde que cae y acompaño con un vaso de cerveza,
única certeza,
única verdad,
al lado del azúcar está la sal.

                                                      Mauricio González Faila

TIEMPO POSMODERNO


Hoy quiero personificar al tiempo, al TIEMPO POSMODERNO que nos rodea, ese señor que

 impera en nuestras vidas, huésped indómito que camina de puntas de pie cuando se escapa

 y nos atrasa. Atraso que a menudo explicamos dando excusas inexistentes.


Y, sin embargo, en ocasiones, él nos invade y abunda en el espacio, tanto que no sabemos en 

qué destinarlo…y sólo para no perderlo.


Él se pasea mirándonos cómo nos empeñamos 

 en ahorrarlo. Se ríe. Nos cree ingenuos, nos engaña en todo momento.



En consecuencia debo mencionar que he visto la forma en que el Tiempo le es favorable

algunos, casi como un amigo y a otros los deja a la deriva. Me refiero a los socialmente


 llamados puntuales e impuntuales (y por supuesto, estos últimos somos, me incluyo, la peste


 irrespetuosa del lugar).



Nosotros los impuntuales, somos los partidarios de la dura carrera contra el tiempo y sus

 veinticuatro horas aliadas, que constantemente ganan la batalla, nos dejan atrás, nos aplastan


 y así contribuyen a causar el trastorno patológico denominado “estrés”, debido a la incesante


 y monótona rutina…




Por último decido tomarme un respiro en mi repudio al tiempo para decirles que esto

y vencida:


es como secarse con una toalla mojada. Él no cede, me persigue hasta convertirse en mi

 sombra…” 




* Cita de autoridad del microrelato T.O.C, del Dr. Raúl Lima.

                                                            
                                                                                                       Graciela Mossier


domingo, 7 de octubre de 2012

La Clave

   Encontré la clave: el continuo es una grieta entre el tiempo y el espacio. Estoy atrapado en la fisura, es algo inmenso pero me aprisiona, retrocedo y simultáneamente avanzo, no se quema el fuego sin embargo se enciende la llama.
   Estoy buscando la ecuación para hacer que el tiempo retroceda o salte.

                                                     ¿Qué es el tiempo?
    Esta pregunta me desvela cada noche.

                                ¿Cómo se alía con la muerte?

    Sigo prisionero en la fractura, que es la eternidad, otra vez retrocede... nuevamente se va.

                                                                                                                                  Lucas Zurschmitten.


 
   

Lluvia

  Caminar bajo la lluvia no es romántico, se te moja la remera y ¡No Es Sexy! Se me acentúan los rollos. Para variar, aparecen pequeñas bestias: sapos de lenguas babosas, que simulan ser  verdaderos borrachos a la salida de un boliche; encima los grillos que te condenan con su música y el viento que te enfrenta  al terror...Me caí en tu charco.

                                       Adriana Comán.

María Juana

    El aroma del precio mal gastado, el terreno deshabitado propicio para la aspiración de toxinas que asesinan sanginariamente cada neurona.
     Risas incontrolables, ojos eyaculando ideas inspiradas, interpretativas, producen imágenes abstractas y conexión de ideas.
     Sos espontánea, sos adictiva, capitalista, me tienes en tus ramas.

                                                                                                              Majo Bazán.


La Penumbra Desterrada...

  La penumbra desterrada de mis días demacrados de cotidianidad evidencia el dolor náufrago con el que me es difícil lidiar.
  Me asesina el relámpago de los espectros nocturnos, se acercan con esas miradas devoradoras vestidas de seducción y tinieblas  que me conducen a la inmortalidad colérica de saberte querible en los quejumbrosos abanicos del poema.

                                  Dema Cruz.

Noche a las Diez

Eran las diez de la noche, salíamos de tu casa. Estabas temblando de frío , quizás, esperábamos el ómnibus y me comentabas tu última andanza: la rutina de llegar quince minutos antes, preparar los materiales, ponerte el uniforme y cuando llegara el momento decir:
-"Pasen, ya los atiendo. Pasen mangas de vagos, no voy a chuparles la sangre,  es un pinchazo nada más"-
¡Mi Vampiresa!

Mauricio González Faila.

                 
           

Se Descalabra...

   Se descalabra buscando convertirse nuevamente en madre, el niño muerto la deviene en hembra sin ubres. Se abre el abdomen con pulso de cirujano y lo introduce por partes, parir de nuevo es regenerarse porque más que hembra siempre fue madre.

                                                Diana Beláustegui.




La Realidad es un Parpadeo entre Sueños

      Se duermen todos los días.  Deliran todas las noches. Caminan, corren, saltan pretendiendo  llegar ahí.
      Ese lugar místico, ansiado, deseado, fantaseado, temido, odiado.
      Van por el este, siguen por el oeste.
       Buscan y buscan, pero no encuentran. No está ¡No existe! Piensan...Lo que ellos no saben es que eternamente estuvieron ahí: boyando en la nada misma.

                                                            Deborah Gómez Archetti.



     

"Cadáver Exquisito"

Y dejaba atrás los atisbos de libertad...
Vuelan las langostas, 
se retuercen las moscas
y aletea mi espíritu.
Todo es fugaz y diferente
mas nada es fácil,
desde mi interior clama
la salvación de paz.

Una voz que asusta.

Humo, agua, nada importa, todo se va.
Te voy a llevar al parque y espero te guste
porque sino revienta el carancho que llevo
dentro, carnaza de vaca flaca.
El deber ser es simplemente dejar de ser, sólo las ideas
y lo material, escapan al claustro de la tiranía.

                                                            Graciela Mossier, Adriana Comán, Guadalupe Correa, Silvia Bravo,    
                                                            Lucas Zurschmitten y Mauricio González Faila. 




Identificación duplicada.


Me refleje en el espejo. Mostró un grito desaforado. Luego de un par de minutos maquillándome lo descubrí.
¡Jure en nombre de mi conciencia no verme así! ¡Prometí a un Dios irreal que no me iba a convertir en la fantasma de mi niñez!
Caí, sentí mi cuerpo descender lentamente, relajarse, al aire atravesar sin escrúpulos mi delgada camisola, sentí… el suelo. Duro, frío, crujiente.
Grité por dentro, no podía emitir sonido hacia afuera, patalee, gemí, golpeé, destruí, sollocé.
Me había convertido en eso, en mi alter ego, en ELLA.
En esa mujer independiente, constantemente entumecida, en mi no yo. ¿o a caso fue que en realidad esa era mi realidad, ser un duplicado?
Recupere lo que había perdido, fuerzas, me levante y con el mayor coraje que nunca tuve, mire mi cabello negro, mi tés pálida, los labios rojos, sentí las manos tersas, la piel flácida, las lágrima negra revoloteando hasta llegar a mi labio, y sentir ese sabor, ese sabor a… adultez putrefacta.
Sostuve el delineador a lápiz que había caído, por supuesto, de punta hacia el piso, busque la trincheta, debía corregir el maquillaje.
Sostuve la mirada al espejo y comenzó a recorrer por mi cuerpo su filo y con él la espesura liquida de mi interior. Volví la mirada hacia él, ¿era yo?

                                                                  Majo Bazán.


Amor a mural.


-Buscas la instantaneidad de la vida, capturar al mundo desde un ojo utópico, capaz de corregir imperfecciones de realidades frívolas.
Consumes la mierda de mantener intacto el ayer, de que la edad es una medida de números y no de saberes-Le dijo.
Sus tres ojos se hundieron en l paleta de imágenes, sus rizos colorados taparon su desinterés.
-¿Ah?-
-Una pared se comunica más que vos-
-Una pared eh!... ¿De colores?-
-No-
-Entonces… comunico en blanco. La pared se comunica, en textura, color, olor, sabor.-
-¿Sabor? Loca no tienes remedio. Te amo.-
-Amas a una pared de la cual te quejas. Bipolar. Yo no. ¿Saber porque? Porque el mundo se pudre, tanto o peor como esa bolsa de basura que no sacas hace un mes, tanto o peor como esa música nueva, tanto o peor como tu aliento matutino, tanto o peor como la mente cerrada de la sociedad que te gusta consumir, que vive sin amar, que ama sin intensidad, que sufre con el dolor pasajero, que muere cada día y no vuelve a renacer. Vives en la queja, hacia mí y mi amor al arte. Decídete, me amas como hombre o vives con la pared.

                      Majo Bazán.


Aimé.


Te llevas parte de mi por un par de minutos, un lapsus mental en el que mi mundo se concentra en un par de firuletes.
Muero, revivo y vuelvo a morir. El mundo me obliga a revivir. Porque bajo estas circunstancias, moriría hasta, desgastar el azur, y desvanecer el blanco.
Te conviertes, apoderas, emerges en este carnaval de disfraces grotescos.
Puedo sentir cuando te agrada y cuando lo repugnas, tu sonrisa sínica y la agitación del pulso. Sos tan solo una parte de mi imaginación a la que puedo moldear a gusto. Un día hombre, al otro un objeto, en un año una lesbiana morocha curvilínea. Hoy sos Aimé..
Tan bella como una tajada de limón, tan hombre como lo decidas, tan perfecta como un oleo.
A veces te mato, otras te resucito, te enfermo, te curo. Hoy, ahora, descansas en paz.

                                                                                                                           Majo Bazán 


Blanco y negro


Temía despertar y no encontrar diferencias.
Un día amanecer siendo la oscura mujer que la atormentaba durante el descanso.
Se miraba en el espejo y se comparaba con ella. Se descubrió varias veces usando posturas que no coincidían con lo que era.
-Te estas poniendo vieja y patética- se susurró una vez y dejó pasar al cambio, le dio la bienvenida a su vida sonora y diarreicamente (las modificaciones le traían trastornos nefastos a sus intestinos).
Esa mañana tomó una pantufla y le pegó de lleno en la cara a su marido que dormía y salió gritando:
-Nunca más me dominarás, soy una mujer que desde hoy rompe el yugo que la tiene atada a cualquier forma de condicionamiento impuesto por la sociedad, ya no estoy casada con vos, ya no te pertenezco, me voy- y dejó al pobre hombre, que nunca le había levantado la voz ni para pedir auxilio, con una mano apretándose el pecho y la otra refregándose la cara enrojecida.
De la pobreza pasó a la miseria.
Se construyó una tapera en medio del monte y sobrevivió resucitando un lado salvaje que ignoraba poseer.
Su mujer oscura y alienada dejó de torturarla en sueños, había cumplido con lo que pedía aquel personaje y al romper lazos y bajar a un nivel básico en la evolución se había mimetizado con ella dando lugar a un vacío que debería llenar con la que se forjaría de la nada.
Se las arregló como mejor pudo, gritando de impotencia durante las noches, pidiendo a gritos una paz que no lograba hallar en la casa, ni en el monte, ni en la soledad de su nueva vida; y así fue como comenzó a soñar con la mujer que había sido.
Se despertaba intentando abrazar a su hombre o tratando de tomar un espejo para realizar su antiguo ritual de belleza.
La bestia que saliera de sus sueños y se apropiara de ella la dominaba durante el día, no hubo otra salida que enfrentarla en sueños.
Al séptimo mes lo hizo.
Se encontraron una noche frente a frente, la mujer delicada, frágil, bonita, iluminada entre rubores y adornos, y la otra: básica, brutal, intolerante, primitiva, sin rituales ni lazos, libre... tan libre que ardía como un hierro candente en lo profundo de los ovarios.
La lucha feroz duró las noches de tres meses, finalizados estos regresó a su hogar.
Encontró a su hombre sentado en la mesa, tomando una taza de té.
No dijo nada, entró, le dio un beso, se bañó y reapareció, pulcra, vestida, pintada, adornada con sus mejores accesorios y se sentó a su lado.
El hombre, acostumbrado a los desvaríos de su mujer, sonrió complacido y le tocó la cabeza.
La bestia saltó y con un grito salvaje lo atacó dejándolo semi inconsciente tirado en el piso, cuando la furia cedió se alisó las arrugas del vestido y se sentó nuevamente para terminar de tomar el té que él había dejado.
Los riesgos de un pacto estaban bañaditos y perfumados sentados a la mesa, cruzando las piernas, limándose las uñas. Las dos mujeres, incapaces de vencerse una a la otra, ¡habían decido convivir en un solo frasco!

                                                                                                                                                      Diana Beláustegui.


En el cuerpo escoltado



En el cuerpo escoltado
Desnucado de ciudades cóleras
Invaden los seres, caminantes de las sobras.
                                             
Se ha tensado el silencio de mayo
En los albergues de sus desidias
Alimentan sus barrigas negligentes
De golondrinas bostezadas.

Mundo, bendice los oleajes de sus residuos
En los hígados digestivos de sus pufos
Acecha la inopia..

Son soldados homicidas
Que tras las rejas disputan
La sangre vegetativa
En el acero de las aspas del pueblo.

                                                             Dema Cruz 



Disfraces




Soy lo que quieres ver, te beso siempre, con esa brutalidad que dices que tengo. Voy hasta tu casa, toco tu puerta. Estás despeinada y en camisón, has dejado de ser la vampiresa que me gusta. En lugar de sangre tomamos mate, somos seres normales:

* Vos, empleada pública.
* Yo,cajero del banco donde cobras tu ínfimo sueldo.

¡VIVA MARX, CARAJO!



                                                                                                                          Mauricio González Faila


Fantasia entre la ciudad y el monte(Apuntes sobre fotografias)


Fantasía entre la ciudad y el monte(Apuntes sobre fotografias) 

¿Qué haré cuando ya no pueda llamarte, cuando esté mudo por tantos discursos,

sordo de tanto ruido,
ciego por ver lo que no es?
¿Qué haré cuando el mundo me sea ajeno?
¿podrás oirme y decirme que siga adelante?
¿Podrá el pasado estar mas difuso en el presente cuando relate la verdadera historia,
cuando los sentidos vuelvan al origen,
cuando el camino no esté embarrado,
cuando le agradezcamos a la vida?

Respirar hondo...

...tranquilidad,
mas allá lo que viene y sigo en la huella,
advirtiendo que existes, que quizás seas vos,
que quizás no,
y se rebobina la película,
imágenes veloces en la pantalla.


Butacas de la sala de cine,
actores, directores, iluminadores, sonidistas,
guionistas, la protagonista de un sueño que se esfuma...


...la entrada a ese film pagué,
costosa sensibilidad que es sensibleria,
material de descarte de los aserraderos,
noche fría sin el abrigo de un brasero.



Mauricio   González Faila