Contornos sensuales, las curvas delinean tu belleza, silueta, ojos profundos, verdes esmeraldas. seduciéndome, hipnotizándome. Tu misticismo me enmudece, inmovilizándome, esperando en silencio tus filosas garras: zarpaso de pantera negra , negra, negra...
Al día siguiente, lo de siempre: las mosquitas en su plan de examinarle los ojos a cada segundo interrumpen el trabajo. A las doce debe estar todo listo y con esa sensación sólo atina a quedarse pensativo, a imaginarse allí de nuevo y tragarse la incertidumbre de saber que hubiera hecho.
El sol renace, la espesura lo invade y entre limpiar la choza y llevar a los animales hacia el alimento se debate, pero algo lo detiene, lo perturba, lo hace desgarrarse en fragmentos miserables de ser lo que es, sólo porque anoche el salto de ese sueño lo hizo desear ser ese con cajas que inventariar, con planillas que llenar y vestir un atuendo distinto y pisar sobre un suelo duro y firme... El grito del animal lo vuelve. lo redespierta, lo vacía.
Graciela Mossier.

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