La penumbra desterrada de mis días demacrados de cotidianidad evidencia el dolor náufrago con el que me es difícil lidiar.
Me asesina el relámpago de los espectros nocturnos, se acercan con esas miradas devoradoras vestidas de seducción y tinieblas que me conducen a la inmortalidad colérica de saberte querible en los quejumbrosos abanicos del poema.
Dema Cruz.

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