La lluvia en mis huesos se alzan en derredor de mis latidos mientras transito en las calles del café que bebo día a día, ese café amargo, amargo como vos, se mete por mis arterias para calcinarme la vida. Quisiera absorberte en calidad de café a fin de tener la oportunidad de vomitarte, sacarte, extirparte a modo de un coágulo y dejarte reposando en alguna camilla de quirófano, así no tengas más latidos, ruidos tuyos que se mezclan con los míos, ruidos-latidos que hacen estremecer mis huesos, canción nauseabunda que habita en mi ser y me obliga a ingresar con una tijera por mis oídos para no escucharte más, siento sangre, siento vida.
Volviendo al café: bebo mi sangre, bebo mi vida en un suntuoso pocillo.
Adriana Comán.
lunes, 15 de octubre de 2012
30
Caminar en alas palpitando tus entrañas,
oyendo latidos temerosos,
piel en flor marchita la tuya.
Huir buscando una señal en la ruta,
en el extraño camino donde no hay nada,
ni soledad siquiera,
me entretengo dibujando formas en el aire,
es imposible que me escuches,
pues el puente tendido hacia tu orilla no lo viste,
el lago regalado no mojó tus pies,
no puedes, no quieres recibir mensajes,
refugiada estás en tu trabajo asalariado.
Mauricio González Faila.
oyendo latidos temerosos,
piel en flor marchita la tuya.
Huir buscando una señal en la ruta,
en el extraño camino donde no hay nada,
ni soledad siquiera,
me entretengo dibujando formas en el aire,
es imposible que me escuches,
pues el puente tendido hacia tu orilla no lo viste,
el lago regalado no mojó tus pies,
no puedes, no quieres recibir mensajes,
refugiada estás en tu trabajo asalariado.
Mauricio González Faila.
El Alarido...
El alarido enmudecido en la tráquea, el desaliento de la ignorancia, la vergüenza echa carne.
Reconozco ser un asesino de ideologías.
Majo Bazán.
Reconozco ser un asesino de ideologías.
Majo Bazán.
domingo, 14 de octubre de 2012
Muchas Son las Horas...
Muchas son las horas
y tu grito tan distante de mí
callado animal sacrificado
constelado como grises ensordecedores.
Trémulas horas
cuál ejército se alzan las ideas a la mente
palabras ausentes transitando
en la noche quejumbrosa de mi sangre.
La máquina vagabunda
irrumpe en la lluvia de mi piel invernal
trenzando las flores
de mi continuo caminar.
Dema Cruz.
y tu grito tan distante de mí
callado animal sacrificado
constelado como grises ensordecedores.
Trémulas horas
cuál ejército se alzan las ideas a la mente
palabras ausentes transitando
en la noche quejumbrosa de mi sangre.
La máquina vagabunda
irrumpe en la lluvia de mi piel invernal
trenzando las flores
de mi continuo caminar.
Dema Cruz.
Contornos Sensuales...
Contornos sensuales, las curvas delinean tu belleza, silueta, ojos profundos, verdes esmeraldas. seduciéndome, hipnotizándome. Tu misticismo me enmudece, inmovilizándome, esperando en silencio tus filosas garras: zarpaso de pantera negra , negra, negra...
Al día siguiente, lo de siempre: las mosquitas en su plan de examinarle los ojos a cada segundo interrumpen el trabajo. A las doce debe estar todo listo y con esa sensación sólo atina a quedarse pensativo, a imaginarse allí de nuevo y tragarse la incertidumbre de saber que hubiera hecho.
El sol renace, la espesura lo invade y entre limpiar la choza y llevar a los animales hacia el alimento se debate, pero algo lo detiene, lo perturba, lo hace desgarrarse en fragmentos miserables de ser lo que es, sólo porque anoche el salto de ese sueño lo hizo desear ser ese con cajas que inventariar, con planillas que llenar y vestir un atuendo distinto y pisar sobre un suelo duro y firme... El grito del animal lo vuelve. lo redespierta, lo vacía.
Graciela Mossier.
Al día siguiente, lo de siempre: las mosquitas en su plan de examinarle los ojos a cada segundo interrumpen el trabajo. A las doce debe estar todo listo y con esa sensación sólo atina a quedarse pensativo, a imaginarse allí de nuevo y tragarse la incertidumbre de saber que hubiera hecho.
El sol renace, la espesura lo invade y entre limpiar la choza y llevar a los animales hacia el alimento se debate, pero algo lo detiene, lo perturba, lo hace desgarrarse en fragmentos miserables de ser lo que es, sólo porque anoche el salto de ese sueño lo hizo desear ser ese con cajas que inventariar, con planillas que llenar y vestir un atuendo distinto y pisar sobre un suelo duro y firme... El grito del animal lo vuelve. lo redespierta, lo vacía.
Graciela Mossier.
Adiós
Está lloviendo, mi piel se está mojando,
mis ojos están llorando.
siento tu filo en mis oídos.
Mis bolsillos están vacíos.
Te he perdido.
Nos despedimos con un beso de Judas.
Me estoy yendo pero es imposible no darse vuelta,
veo tu espalda encorvada, escucho tu caminar
cada vez más rápido, pisando los charcos,
escapándote de lo que alguna vez nos unió,
fuimos uno, ahora somos dos.
Deborah.
mis ojos están llorando.
siento tu filo en mis oídos.
Mis bolsillos están vacíos.
Te he perdido.
Nos despedimos con un beso de Judas.
Me estoy yendo pero es imposible no darse vuelta,
veo tu espalda encorvada, escucho tu caminar
cada vez más rápido, pisando los charcos,
escapándote de lo que alguna vez nos unió,
fuimos uno, ahora somos dos.
Deborah.
Soledad Acompañada...
Soledad acompañada de fuegos helados, de pájaros reptando, de víboras bailando músicas
sin músicos, angelical infierno de disfraces satánicos.
Soledad que eviscera, que sofoca la existencia, que transforma la piel, corroe la mente…
soledad que desalienta.
Intento encontrar el yo perdido en las reminiscencias del que ya no está, me levanto con los
calambres enardecidos en las falanges, con el ácido de tu ser desnudando mi nuevo ser.
Renazco, seré otra, tal vez parecida a aquella perdida en el tiempo, la mujer auténtica que
se perdió en las entrañas de tu cuerpo.
Araño la tierra, escarbo, emerjo, tu lápida la llevo conmigo como la muda de una piel
ajada, que colgaré como premio consuelo de este devenir obligado.
sin músicos, angelical infierno de disfraces satánicos.
Soledad que eviscera, que sofoca la existencia, que transforma la piel, corroe la mente…
soledad que desalienta.
Intento encontrar el yo perdido en las reminiscencias del que ya no está, me levanto con los
calambres enardecidos en las falanges, con el ácido de tu ser desnudando mi nuevo ser.
Renazco, seré otra, tal vez parecida a aquella perdida en el tiempo, la mujer auténtica que
se perdió en las entrañas de tu cuerpo.
Araño la tierra, escarbo, emerjo, tu lápida la llevo conmigo como la muda de una piel
ajada, que colgaré como premio consuelo de este devenir obligado.
Diana Beláustegui
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